El arte de llorar en coro/Kunsten at græde i kor (Dinamarca, 2006): Como bien sospechaba yo: no todo es Lars Von Trier en Dinamarca, y Peter Schønau Fog nos convence de que eso es una buena noticia con esta película cándida y terrible a la vez. No es cualquier cosa tocar un tema tan escabroso como el incesto y el abuso infantil en un tono de comedia sin faltarle el respeto al asunto. Supongo que ayuda que sea narrada desde el punto de vista de un pre-adolescente (como asumo sucede en la novela de Erling Jepsen en que se basa) a quien le importa demasiado la unidad familiar. Particularmente el bienestar del pilar de la familia, un padre con un desarrollo emocional no mucho mayor que el de su hijo, pero con las estrategias de chantaje más escandolosas para casi cualquier cánon contemporáneo. Un argumento así en manos de Von Trier hubiera dado para una calculada frialdad y un tramposo juego moral chocante, pero aquí tenemos una película cálida, que en vez de juzgar a sus personajes, presentarlos como víctimas o como medio de expiación de culpa social (como lo hace cada semana Law & Order SVU), los presenta en su multidimensionalidad al grado de hacernos entender su proceder y-sobre todo- conmovernos con su desolado humanismo. Especialmente dirigida para aquellos que postdatean Viva la Familia.
The Fourth Kind (Osunsanmi, 2009): Estamos de acuerdo que una película es una mentira, siempre. Y creo que estaremos de acuerdo en que hay de mentiras a mentiras; por eso cuando un producto como The Fourth Kind intenta por todos los medios convencerte de la veracidad de un asunto -en lugar de conmoverte o asustarte- estamos hablando de cierto tipo de películas que a mi, particularmente terminan por molestarme. Los recursos en el cine son ahora casi ilimitados, se puede decir casi cualquier cosa y hacerlo parecer verídico en pantalla, pero es muy chafa cuando dentro de la misma narración se hacen evidentes las estrategias de manipulación del director -y guionista. Por ejemplo, el manejar dos niveles narrativos en donde se asegura utilizar material documental, mezclado con reconsturcciones de los supuestos hechos reales (como programa de televisión sensacionalista) no tendría nada de malo si el material "auténtico" no estuviera peor actuado que el ficticio. Ésto por más que parezca un elogio a Milla Jovovich (que se merece muchos, inlcuso como actriz) habla muy mal de la película y hace poco favor al tema de las abducciones alieníginas y a la ciencia ficción. Ahora que como producto de género, podría tener sus méritos estilísticos si no machacara tanto en infilingir terror a partir de una peregrina autenticidad. Las mejores películas de terror deben su encanto y embrujo a su propia lógica interna, a su potencial alegórico y aquí hay demasiada pretensión, incluso yo diría que traición al propio género.
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