X-Men Origins: Wolverine (Hood, 2009): Lo único que comprueba esta película es que el mejor personaje de "X-Men" (al menos de las dirigidas por Bryan Singer) se veía mucho más favorecido por el misterio que lo rodeaba y se antoja no solamente innecesario, sino entorpecedor este intento fallido por explicarlo de la manera que se ha hecho con Batman, Spiderman y Superman (entre demasiados otros). Lo que hay que reconocer es el magnetismo del australiano Hugh Jackman, que termina de servirse de este lobezno personaje para consolidar su status de superestrella capaz de crear expectativa comercial y llenar salas gracias a unos imponentes pectorales velludos, abdomen y bíceps perfectos y una interpretación efectiva del conflicto humano-animal sin aportar gran cosa a lo ya conocido del Logan de celuloide.Star Trek (Abrams, 2009): Todo parece indicar que tenemos en JJ Abrams a un verdadero renovador del género fantástico. Abordando tímidamente la ciencia ficción en sus primeros productos televisivos para luego jugar con nuestra mente y paciencia en la ya emblemática "Lost" e incursionar en el cine como productor de la estupenda "Cloverfield" (Reeves, 2008), este neoyorquino aborda la saga de culto sesentera que precedió a esa locura sobredimensionada llamada "Star Wars" (Lucas, 77) de una manera bastante efectiva y contemporánea, evitando caer en el ridículo y en otras trampas que implican los refritos. Un reparto sólido con uno que otro miscast (hello, Winona!), pero bien sostenido por los dos jóvenes protagonistas Chris Pine y sobre todo Zachary Quinto, quien superó el reto de hacer un Mr. Spock carismático en su inexpresividad y hacernos olvidar al villano de "Heroes". Abrams lleva "Star Trek" con gran pulso y un excelente manejo del ritmo narrativo, más en deuda con Kubrick que con George Lucas.
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