Sunday, May 17, 2009

Sangronas

La calentura vampírica que despertó Twilight (Hardwicke, 2008), precedida por el éxito editorial de las novelas de Stephenie Meyer, no nos preparó para una película como Déjame entrar (Låt den rätte komma in, 2008), del director sueco Tomas Alfredson, basada a su vez en la novela de John Ajvide Lindqvist. Y lo digo casi como si fuera inútil afirmar que dos productos cinematográficos que tocan prácticamente el mismo tema, sean capaces de hacerlo de maneras tan disímbolas, cada una con estilo y ambición propia. De la primera ya vimos el furor uterino adolescente que desencadenó, convirtiendo a Robert Pattinson en un incipiente símbolo sexual de cabello grasoso, y el combo novela-película en una de las más prometedoras franquicias después del fenómeno Harry Potter. Sin embargo, la que nos ocupa ahora no ha necesitado estrategias mercadotécnicas ni protagonistas carilindos para impactar al espectador que se expone a ella. Y uso el verbo exponer deliberadamente, pues Déjame entrar es tan abrasiva en su visión del mundo adulto como conmovedora y solidaria en cuanto al universo infantil.

Oskar (Kåre Hedebrant) tiene 12 años y ensaya frente al espejo la manera en que se desquitará de los abusadores que lo acosan en la escuela. Del otro lado de su pared se encuentra Eli (Lina Leandersson), quien escucha con atención las maldiciones de su vecino, a quien luego conoce en el parque nevado frente al edificio donde viven. Lo que empieza como una amistad infantil se convierte en un blanco romance de dimensiones trágicas. Eli duerme de día, se alimenta de sangre humana y mientras Oskar va descubriendo más acerca de los secretos de su amiga su curiosidad se convierte luego en entendimiento y solidaridad a prueba de todo. Alejándonse de cualquier formula genérica, Alfredson nos presenta el encuentro de estos dos outsiders sin ninguna concesión moral pero sin escatimar en malicia ni ternura. La manera desprejuiciada en que Oskar va descubriendo la verdad sobre Eli, nos muestra una adolescencia con poca capacidad de sorpresa y mucho déficit afectivo. La odisea de Eli por sobrevivir de acuerdo a su naturaleza y la soledad a la que pareciera estar condenada resulta tan conmovedora como la travesía del Nosferatu de Herzog, película con la que comparte un inspirado aliento estético. El propio director ha comentado que no le interesa en lo más mínimo el cine de terror y es interesante como el resultado puede ser tan fantásticamente inquietante sin que pueda comparársele a otra película de género que hayamos visto recientemente. El cuidado en su narrativa tan llena de detalles y su estética fascinante la ubica en un mundo propio donde se le devuelve vitalidad y poesía a ese personaje mítico que alimentara nuestros miedos infantiles y que de pronto se vio secuestrado por un boom que reinauguraría Neil Jordan con Entrevista con el Vampiro (1994) y que desembocaría en la techno-fashion Underworld (Wiseman, 2003) y sus inevitables secuelas y precuelas.

3 comments:

Anonymous said...

es bueno tenerte de nuevo charlando sobre cine

Manuel said...

Tnks!

Angl-V said...

Un increible cometario, sí señor. Tuve el placer de ver ésta increible película en VO subtitulada, sabiendo además después, que la voz de Lina Leandersson había sido alterada para encajar aun mejor con el personaje. La verdad es que aborrezco todas esas películas salidas a partir del año 2000 acerca de seres sobrenaturales tipo vampiros, demonios, hombres lobo, etc...y cuando me dijeron que había un vampiro no me entraron ganas de verla, pero con solo contemplar el principio comprendí que no tenía ninguna similitud con todo ese auge, como bien dices en tu artículo. Mis felicitaciones y un saludo.