Thursday, June 19, 2008

Flashback veraniego

Adam Sandler catapultándose como el macho judío sensible por excelencia, con bultazo genital y capilar, queriendo un mundo silky smooth, recortando con sus tijeras a la diplomacia israelí y creando a su imagen y semejanza el equivalente cañí de James Bond, Bourne y un repetitivo etcétera. Sin escatimar en elementos racistas, sexistas, homofóbicos y escatológicos (en ese orden) You don´t mess with The Zohan (Dugan, 2008) es la involuntaria respuesta SNL a Persepolis (Paronnaud-Satrapi, 2007), la emotiva adaptación cinematográfica de las dos primeras novelas gráficas -y estupendas- de la iraní Marjane Satrapi, donde pasa de una partidaria del Shá y profeta aspirante a comunista come-niños y punqueta de clóset, escondiendo algo más que sus gustos musicales debajo del velo. Exiliada dentro y fuera de su país, el personaje principal de esta atípica y estimulante película, se gana al espectador por su honestidad y sentido oscuro del humor, donde incluso sus cuestionamientos feministas no se sienten forzados ni excesivamente militantes.

Tropa de Elite
(Padilha, 2007) es como la historia de Zohan, pero en serio, donde la violencia y la irracionalidad machista se convierten en armas de supervivencia tan importantes como el arsenal con que cuenta el escuadrón especial de la policía brasileña -el BOPE-para hacer frente tanto al narcotráfico como a la corrupción policial. Orgullosa de su fascismo, esta película ilustra cómo las respuestas sencillas a situaciones complejas lo único que logran es espectaculares disputas por imponer la fuerza de uno y otro lado, reconociendo de antemano que la batalla está perdida y que mientras se encuentran soluciones, nos divertiremos con la sangre derramada (que hay de sobra).

Del lado opuesto del panorama, Sex and the City (Patrick King, 2008) sabotea lo escaso que tenía de rescatable la serie de televisión y evidencía que por más avances en la cirujía cosmética y la teconología digital, la pantalla grande es implacable. Y no me refiero sólo a las arrugas: Sarah Jessica Parker (un híbrido entre retrato cubista de Picasso y puta de Modigliani) inerpreta a la improbable escritora rosa Carrie Bradshaw sin la más mínima autocrítica, confundiendo inocencia con estupidez y los guionistas no le hacen ningún favor. La película se sufre como un interminable catálogos de clichés y productos tan costosos como poco favorecedores. Un happily ever after de turrón y muñequitas de azúcar apolillada, tan difícil de digerir como una revista de chismes hojeada en la fila del supermercado.

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